También la marca de la manzana mordida se apunta a la era de la obsolescencia programada y, si, Apple también ralentiza tus dispositivos para que compres otros, con más capacidad, mejoras en hardware y sobre todo, con actualizaciones estéticas que los hacen más atractivos a la vista del usuario.
Hasta hace unos pocos años, hablar de Apple era hablar de máxima calidad de productos electrónicos, no solo en cuanto a la experiencia de uso -consiguiendo transformarla en un valor añadido para el usuario- sino también a la durabilidad de los materiales con los que Apple construía sus productos.
En este sentido, a día de hoy, la gama de productos Apple sigue gozando de unos elevados estándares de calidad y, por tanto, suelen tener una vida útil más larga que dispositivos de otros fabricantes. Pero esto no implica que constantemente las aplicaciones necesiten de más recursos para ejecutarse -sobre todo porque con cada actualización, se ofrecen nuevas funcionalidades y complementos- requiriendo un hardware más potente en los dispositivos.
En mi caso hablo -o escribo mejor dicho- con conocimiento de causa, ya que mi iPhone 4S ya comienza a notar que ciertas aplicaciones tardan más en ejecutarse que en versiones anteriores. Y es que, después de casi cinco años de funcionamiento continuado y moviendo la última versión de iOS 7, ya va pidiendo una renovación. O mejor dicho, una actualización -que no llegará nunca a iOS 8 si puedo evitarlo- a la última versión aceptada por este modelo de iPhone, la 8.3.
Fuente: ecoshospitalarios.blogspot.com
Ahí es donde Apple consigue que tu dispositivo llegue a quedarse corto a la hora de mover un sistema, ese es su “secreto”; actualizaciones constantes del sistema operativo que, en teoría, requiere de un hardware mas potente para incorporar nuevas y mejores funciones a nuestros equipos.
Con cada nuevo modelo de iPhone, iPad e incluso iPod, suele aparecer una nueva actualización del sistema operativo de Apple para sus dispositivos móviles, iOS. Los usuarios que no optan por renovar su modelo, realizan un actualización de software a la nueva versión, notando como resultado en muchos casos, una lentitud general a la hora de ejecutar las aplicaciones. Y los desarrolladores se suben al carro, como no podía ser de otra manera. Es más, existe una simbiosis no declarada entre las actualizaciones del sistema operativo y la nuevas funciones que muchas aplicaciones incorporan, puesto que en las últimas versiones de muchas de ellas, se solicita al usuario que realice una actualización del sistema operativo para poder instalarlas.
De echo, Apple presiona a los desarrolladores para que las aplicaciones creadas solo puedan funcionar en las últimas versiones de su sistema operativo, alegando una mejora en el desarrollo en si mismo de la aplicación y una mejor experiencia de usuario en sus dispositivos.
¿Realmente Apple empuja a comprar los últimos modelos de sus dispositivos a través de la obsolescencia programada o tan solo este término no existe más allá de nuestra mente?.
Ya lo escribió en cierta ocasión Christopher Mims, redactor especializado en tecnología de The Wall Street Journal: “La obsolescencia programada es la naturaleza de la evolución tecnológica”.
Vosotros…¿qué opináis?.